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07 julio 2018

Al Quds y la liquidación de la causa Palestina (2)



El "Acuerdo" del Siglo




Nota de introducción por el editor del blog.

A inicios de año ya anunciamos sorpresas en cuanto al futuro de Palestina dictado por fuerzas extranjeras, desde antes era evidente que el fin de la causa palestina se estaba tramando bajo dura presión de Israel.

Aunque se tenían reservado el plan a presentarse, ya era conocido varios detalles que comenzaron a hacerse públicos con el discurso de Donald Trump en que anunció el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv hacia al Quds (Jerusalén)  hecho que se verificó en mayo de este año, aunque no se ha efectivizado por motivos de seguridad, lo que está funcionado -por el momento- en Jerusalén es el Consulado. De todas formas ese acto de abierta hostilidad contra Palestina equivale a reconocer a Jerusalén como la capital del estado de Israel, casi todos los pueblos y gobiernos árabes condenaron tal decisión. 

Esa medida es parte de la estrategia de anunciar una futura alianza -o al menos un tratado de paz- entre Israel y Arabia Saudí, cuyo trasfondo es contener la fuerte influencia regional que ejerce Irán. Pero las cosas no funcionan de esa manera, dada la oposición de gran parte de la comunidad internacional a la unilateral medida de los Estados Unidos de reconocer Jerusalén como capital de Israel habría sido una de las causas de la cancelación de la cumbre prevista para marzo del 2018 en que Arabia Saudí e Israel declararían su reconciliación histórica. Luego vendrían las movilizaciones del pueblo palestino demostrando su indignación y la consecuente masacre perpetrada por tropas israelíes contra indefensos manifestantes. 





No solo que la ira popular trastocó (por el momento) el anuncio de la alianza israelí-saudí, sino que el plan inicial para terminar con el sueño palestino ha tenido que ser corregido -no se si para peor-. En un inicio, americanos, saudíes e israelíes intentaron forzar a la autoridad palestina para que acepte la anexión incondicional de Jerusalén Este a Israel y la proclamación oficial de capital “eterna” de Israel. Como expresamos en el artículo de referencia, Al Quds y la liquidación de la causa Palestina (1), las condiciones eran duras, no estaba contemplado el surgimiento de un estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza, no obstante que Mohammed bin Salem, heredero del trono saudí, proponía al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, que la ciudad de Abu Dis (en la Gobernación de Jerusalén) sea la capital del estado palestino. Israel construyó un muro que separa Abu Dis de Jerusalén, los palestinos dicen que Abu Dis es apenas un pequeño distrito (o barrio) de Jerusalén por lo que siguen reclamando la mitad de la ciudad que permanecía bajo control de Jordania antes de la "Guerra de los Seis días".

Hemos dicho que hasta los sueños tienen límites, que ese juego geo-estratégico no podría culminar exitosamente sin que provoque la ira palestina e internacional y hasta que pueda desatar un gran conflicto; que el débil gobierno palestino y su pueblo no se quedarían impávidos, ni otras potencias permanecerían como simples observadoras de tan grotesco show. Irán, Rusia, China y otros tienen mucho que decir y aportar en la resolución de la crisis. 

En fin, estamos a mediados del 2018 y las cosas han variado. 

Hoy, nos han presentado una pomposa revisión del plan inicial. Solo que ahora, a más de seguir perjudicando a los palestinos, también se meten con el Reino Hachemita de Jordania. Algunos expertos no demoraron en expresar que recientes y fuertes manifestaciones en ese reino tenía un transfondo semejante a una nueva "primavera árabe"; para otros analistas se trata de una "elegante" manera de presionar al rey Abdallah II para que acepte el plan estadounidense para Palestina.

Thierry Meyssan en sus siempre reconfortantes ensayos nos recuerda que 
"el Reino Hachemita sigue siendo considerado el reino de los palestinos y que el rey Abdallah II es el «Protector» de los lugares sagrados musulmanes en Jerusalén y el «Guardián» de los lugares sagrados cristianos en la Ciudad Santa, título reconocido a Jerusalén en el año 2000 por el papa Juan Pablo II. Hasta el inicio de la aplicación de los acuerdos de Oslo, Jordania administraba el territorio de Cisjordania, a pesar de que ese territorio se hallaba bajo la ocupación israelí desde la Guerra de los Seis Días. El propio Yasser Arafat se planteó entonces la posibilidad de jurar lealtad a la monarquía hachemita. Los palestinos son al menos tres cuartas partes de la población jordana, sólo el 25% restante son beduinos y pobladores autóctonos". (1) 


Muchos se preguntarán, no es mejor luchar por cristalizar el plan de 1948 de las Naciones Unidas que contemplaba la creación de los dos estados y que Israel aceptó?. Ahora, nos hablan de un "Acuerdo" y del siglo!, en qué momento negociaron con los representantes de la Autoridad Palestina?

El Plan desarrollado por Jared Kushner (o quién sabe por quién), nombrado consejero especial (por ser yerno de Trump), contempla que Jordania jugará un papel trascendental en el "Acuerdo del Siglo". Pero revisemos una interesante crítica a este nuevo "Acuerdo", una excelente publicación de Hispano TV.

Gracias por su deferencia, sugiriendo de lectura del último artículo de Thierry Meyssan sobre el tema: "Jared Kushner y el 'derecho a la felicidad' de los palestinos" (2)

Tito Andino U. 


*****

El acuerdo del siglo, máxima hipocresía y mínimo de vergüenza *
 Jared Kushner y Jason Greenblat están en gira por algunos países del Oriente Medio para ultimar su llamado “acuerdo del siglo”.


por Nicola Hadwa y Silvia Domenech 

Nicola Hadwa es analista internacional chileno-palestino. Ex entrenador de la Selección Palestina de Fútbol, Director de la Liga Latinoamericana por el Derecho al Retorno y coordinador del Comité de Solidaridad con el Pueblo Palestino de Chile. Especialista en temas principalmente del Medio Oriente. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Silvia Domenech.Investigadora cubana con varios libros publicados. Doctora en Ciencias Económicas y Profesor Titular de la Universidad de La Habana y la Escuela Superior del PCC.



Jared Kushner el yerno de Trump y sionista recalcitrante, junto a otro fanático sionista, Jason Greenblat (el ex vicepresidente de la Trump Organization), están en gira por algunos países del Oriente Medio para ultimar su llamado “acuerdo del siglo”. Acuerdo que, en un escenario caracterizado por la ya prácticamente irreversible derrota de los planes occidentales-saudita-sionistas de utilizar ejércitos terroristas para dividir y debilitar el Medio Oriente, aflora como un nuevo salvavidas para proteger y asegurar la entidad sionista. Y el cual no es más que un plan para lograr la entrega definitiva de los derechos del pueblo palestino a los sionistas y su renuncia al objetivo de libertad y liberación nacional.

Dicho acuerdo, que tiene sus antecedentes en viejas aspiraciones sionistas como el Plan Alón y el Plan Yinón, busca cercenar Cisjordania y, uniendo lo que quede con Gaza y Jordania, crear un estado palestino-jordano, echando a un lado al monarca jordano y colocando en su lugar a otro títere con rostro de democracia, englobando así al pueblo palestino y enjaulándolo bajo la vigilancia de un ejército jordano más poderoso y el ejército sionista. Todo ello financiado por Arabia Saudita con el dinero de su pueblo, del cual se apropia sin límite alguno.

¿Qué ocurre con este “nuevo” plan sionista-norteamericano denominado “Acuerdo del siglo”? 

Cuatro países árabes ya han garantizado el apoyo a este acuerdo. Egipto, país gobernado hoy por una dictadura militar impuesta por los sionistas, que colabora activamente para sofocar a Gaza por el bloqueo, el hambre y las enfermedades. Jordania, monarquía feudal dependiente del tesoro norteamericano y saudita, con una amplia historia de traiciones. Arabia Saudita, monarquía retrógrada y medieval que no es otra cosa que el financista de todos los planes sionista-norteamericanos para el Medio Oriente, y cuya historia, al igual que la de Jordania, está llena de traiciones y complot contra los pueblos árabes; situación denunciada por Gamal Abdel Nasser cuando Egipto fue el símbolo de la libertad y el nacionalismo árabe. Y para completar el cuarteto, Emiratos Árabes Unidos, aliado incondicional de los saudí y Egipto en intereses y acciones, que también ha forjado fuertes y estrechos lazos con los sionistas en los últimos tiempos.

Que estos cuatro países apoyen el Acuerdo del Siglo, no obstante, no es una sorpresa. Sus gobiernos no han hecho más que repetir su dual comportamiento, mantenido desde el inicio de la colonización de Palestina en diferentes momentos de la historia expresado, por un lado, en su fingida condena –usualmente limitada a lo verbal– de las acciones contra este heroico pueblo, cuando en realidad actuaban de acuerdo a los intereses de los sionistas. Y, por otro, en el engaño a sus propios pueblos, quienes veían con horror como sus hermanos musulmanes y árabes eran despojado y expulsados de sus tierras. A la vez que, la Liga Árabe publicaba sus declaraciones colectivas, todas destinadas al basurero, que a lo más sacaban una sonrisa a los gobernantes sionistas y un fruncir de ceño al imperio. De esa forma mantuvieron dormidos y, al mismo tiempo, oprimidos a sus pueblos, haciéndoles creer que eran activos enemigos de la entidad sionista.

La realidad, no obstante, era otra. Y no podía ser de otra forma, pues no era casual. Ese comportamiento ha estado condicionado a la lucha por la subsistencia en el poder de monarquías y gobiernos reaccionarios, dado que el mantenimiento en esos países del poder colonial e imperial genera un conjunto de situaciones que en el terreno social, nacional y político conducen a luchas de liberación nacional, y luchas de emancipación social y de justicia. Situaciones en conjunto en extremo volátiles y peligrosas para esos gobiernos dictatoriales y monarquías que ven en la entidad sionista y en Estados Unidos, junto a otras potencias como Francia e Inglaterra, a sus protectores en contra de sus propios pueblos. Haciendo, además, que el temor a la justicia social y la libertad de los pueblos árabes, sea mayor y más importante que la libertad del pueblo palestino o la recuperación de los santos lugares del Islam.

Estos cuatro países apoyan el Acuerdo, por consiguiente, porque al hacerlo están cumpliendo las funciones que sus propios intereses le dictan. Porque éstos, sus intereses, son comunes y coherentes con el contenido de dicho Acuerdo, y porque esa acción se corresponde con su acción histórica. Todo lo cual no tiene nada que ver, ni tiene relación con el nacionalismo ni con el respeto a su religión, sino más bien con el interés común de salvaguardar sus privilegios, que no son los de los pueblos árabes ni los de los musulmanes.

No por gusto durante muchos años estos gobiernos árabes, especialmente las monarquías feudales retrógradas, han colaborado activamente con los sionistas y Estados Unidos en materias como la inteligencia y la seguridad, informando y deteniendo -y a veces desapareciendo- a los nacionalistas y patriotas árabes que constituyen un peligro político para ellos, para los sionistas o Estados Unidos.



Este último país el cual, bajo el pretexto de prevenir la explosión social y política en el mundo árabe e islámico -como ocurrió en Irán-, impuso rápidamente y con la venia de todas las monarquías, bases militares en ellos. Bases que, por supuesto no eran ni son para protegerlos de la entidad sionista, aliada inseparable de Estados Unidos. ¡Habría que ser muy ingenuo para creer eso! Esas bases permiten a Estados Unidos proteger sus propios intereses sobre el petróleo y el gas árabes, de propiedad yanqui-sionistas y, al mismo tiempo, proteger a las monarquías de un eventual levantamiento popular contra la situación de miseria y opresión a la que tienen sometidos sus pueblos. Asimismo, y no de menor importancia, les permite vigilar a Irán y a Rusia.

También en la desesperación por el despertar de los pueblos árabes, se ha tratado de desviar las luchas de liberación nacional y emancipación social y política hacia una lucha torcida entre religiones y sobre todo entre Suníes y Chiíes. A pesar de esto y de los muchos otros esfuerzos realizados, las realidades en el terreno, las comunicaciones sociales y los hechos diarios hacen ver claramente a los pueblos árabes que estas monarquías no son lo que intentaron aparentar por muchos años. Y las situaciones político militares y sus vertiginosas y variantes formas de desarrollo han obligado a que estas monarquías y gobiernos árabes se saquen las caretas y muestren sus verdaderas y oscuras caras.

Hoy los príncipes y oficiales saudíes viajan a Tel Aviv a mostrar lealtad y buscar alianzas contra los pueblos árabes e islámicos anti imperialistas o nacionalistas. Egipto mantiene un vergonzoso bloqueo contra sus hermanos palestinos. Jordania además de ayudar a los terroristas del Estado Islámico, ayuda en seguridad e información a la entidad sionista y firma con esa entidad un millonario contrato de abastecimiento de gas por 10.000 millones de dólares.

La entidad sionista dispone ya de una misión diplomática en los Emiratos Árabes. Y todos ellos, junto a sionistas y los principales países imperialistas, entrenan financian y arman a los peores terroristas jamás vistos, con el objeto de destruir a los países que ejercen independencia del poder imperial y conforman el Frente de la Resistencia, es decir Siria, Iraq, Irán, Hezbolla y las organizaciones de resistencia Palestina. Precisamente, uno de los objetivos de este plan es también tratar de evitar que la entidad sionista quede cara a cara con este Frente de la Resistencia, y lograr que los traidores árabes hagan, como ha sido siempre históricamente, el trabajo sucio de los sionistas. El reinicio del bloqueo a Irán y las agresiones a Siria y Hezbollah son parte de este proceso buscando debilitarlos frente al cuarteto de la traición.


Eretz Isarael. El término 'Plan Yinon' se refiere a un artículo publicado en febrero de 1982 en la revista hebrea Kivunim ("Direcciones") titulado "Una estrategia para Israel en la década de 1980". Kivunim era un periódico trimestral dedicado al estudio del judaísmo y el sionismo que apareció entre 1978 y 1987 y fue publicado por el Departamento de Información de la Organización Sionista Mundial en Jerusalén. El artículo fue escrito por Oded Yinon, supuestamente un ex asesor de Ariel Sharon, un ex alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí y periodista de The Jerusalem Post. Se cita como un ejemplo temprano de la caracterización de proyectos políticos en Medio Oriente en términos de una lógica de divisiones sectarias. Ha desempeñado un papel tanto en el análisis de resolución de conflictos por parte de académicos que lo consideran como influyente en la formulación de políticas adoptadas por la administración estadounidense bajo George W. Bush y también en teorías de conspiración según las cuales el artículo predijo o planeó acontecimientos políticos importantes en el Medio Oriente desde la década de 1980, incluida la invasión de Irak en 2003 y el derrocamiento de Saddam Hussein, la Guerra Civil siria y el surgimiento del Estado Islámico. Se ha afirmado que el artículo de Yinon fue adoptado por miembros del Instituto de Estrategias Sionistas en la administración estadounidense hasta que fue adoptado supuestamente como una manera de promover los intereses estadounidenses en el Medio Oriente, así como también de lograr el sueño judío de un estado "desde el arroyo de Egipto (Nilo) hasta el Eufrates", que abarca la mayoría del Medio Oriente, como está escrito en la Biblia hebrea. (fuente Yinon Plan. Traducción de la Wikipedia en inglés por el editor del blog).


El plan del Siglo yanqui-sionista-árabe no es, sin duda, un plan de paz para los palestinos, ni su objetivo primario es mejorar la situación socio económica de su población. Ese plan es una parte integrante de un proyecto mucho más ambicioso que, junto a la división de Siria como parte de la balcanización del Medio Oriente, está dirigido a llevar a vías de hecho en los días de hoy los objetivos del Plan Yinon. Ese proyecto, que ha sido bautizado como “Normalización”, lo que persigue es asegurar las condiciones para que la entidad sionista se convierta en un poder imperial regional en un contexto mundial en que para el imperialismo norteamericano controlar las aspiraciones geopolíticas de sus dos adversarios ideológicos y del sionismo, el enfrentamiento a Rusia y a China sigue constituyendo el principal reto externo de su política de seguridad.

Lo que ocurre es que ese camino pasa necesariamente por Palestina, un importante obstáculo a liquidar para que la entidad sionista pueda oficializar públicamente sus relaciones con las poderosas monarquías y países reaccionarios árabes sin riesgo de que éstos pierdan su equilibrio interno. Liquidar Palestina como causa de resistencia, como pueblo y como identidad, es precisamente el fin prioritario y ultimo del Plan del Siglo.

Entonces este Plan, podría decirse en otras palabras, es el esfuerzo que está haciendo un imperialismo que está perdiendo su papel hegemónico y se encuentra en plena decadencia, para forzar una situación que permita a la entidad sionista poder cumplir un siglo de vida o desaparecer. Si bien su desaparición no necesariamente tiene un significado negativo pues, con ella, sus habitantes podrían volver a su realidad. O sea, podrían volver a ser ciudadanos de donde nacieron y su religión dejaría de ser manipulada como base de un estado al servicio del imperialismo y las transnacionales.



Notas


* Los dos mapas agregados al artículo en referencia son insertados por el editor de este blog, así como la leyenda que acompaña.
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